FE Y RAZÓN

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino)

San Pablo en dirección de Damasco

Con Pablo en dirección de Damasco

Diác. Jorge Novoa

 

Proemio

 

San Pablo es una de las personalidades más fascinantes y atrayentes de la historia de la humanidad. Su vida y misión en el cristianismo de todos los tiempos ha suscitado asombro y admiración. El texto que meditaremos, es aquel que nos cuenta su vocación, es decir, el encuentro que tuvo con el Señor y el llamado que recibió cuando iba de camino a Damasco. Éste hecho, será siempre como un centro incandescente, que lo nutrirá permanentemente en su misión, impulsándolo a ir más allá, este "haber sido alcanzado por Cristo" nutrirá su pasión por predicar el evangelio a tiempo y destiempo. En el libro de los Hechos, este acontecimiento, aparece narrado en tres oportunidades (9,1-19;22,3-21;26,9-23), las ligeras diferencias que encontramos, no  alteran en nada su sentido que es totalmente unitario, nos centraremos en aquel texto que se encuentra en el capítulo IX.

 

Creemos que la categoría encuentro, como categoría bíblica,  define perfectamente la experiencia  de Pablo, que anida en el corazón del cristianismo. La vida cristiana como encuentro con Cristo es siempre novedad, que nunca se agota, infinita novedad, que viene de la eterna belleza del Señor. Basta repasar el capítulo 1° del evangelio según San Juan, y constatar lo irrepetible y novedoso que se manifiesta esta vivencia del encuentro con el Señor. El encuentro con Cristo es siempre  un acontecimiento revelador. Es gracia que nos introduce en los caminos de la Verdad; la verdad de  Dios,  de nosotros mismos, de los otros y el mundo. Es gracia iluminadora que obra progresivamente o abruptamente introduciéndonos  en el camino de la conversión. Las circunstancias e  intensidades del encuentro son diversas, al igual que la intensidad en su progresión. Todos estamos invitados a  salir al encuentro de Jesús, como decía San Agustín, salir al camino que conduce hacia la meta, que es Dios[1]. El encuentro con Cristo marca nuestra vida, por su presencia y acción, hay un antes y un después.

 

El cristianismo no es una ideología, sino el encuentro con una persona, Jesús. El flagelo opuesto, que funciona como impostura,  está en vivir  y presentar el cristianismo como una idea. Este peligro antiguo y muy actual, consiste en adherir al cristianismo como a una ideología. "Hay un cristianismo y una teología que reducen el meollo del mensaje de Jesús –el reino de Dios– a los valores del Reino, identificando estos valores con las grandes consignas del moralismo político, y proclamándolo, al mismo tiempo, como la síntesis de las religiones, pero olvidándose así de Dios, a pesar de que Él es el sujeto y la causa del reino de Dios"[2]. El cristianismo no es un simple libro de cultura o una ideología, tampoco es un mero sistema de valores o de principios, por más elevados que sean. El cristianismo es una persona, una presencia, un rostro: Jesús, que da sentido y plenitud a la vida del hombre.

 

"La cuestión capital del cristianismo hoy día, tal y como Vuestra Santidad anunció sugerentemente ya en la Redemptor hominis, encíclica programática de su pontificado, es identificarlo con un Hecho –el Acontecimiento de Cristo– y no con una ideología. Dios ha hablado al hombre, a la humanidad, no con un discurso que en último término pueda ser un hallazgo de filósofos o intelectuales, sino como un hecho acaecido del que se tiene experiencia. Vuestra Santidad lo ha expresado en la Novo millenio ineunte: «No será una fórmula lo que nos salve, sino una Persona y la certeza que ella nos infunde: ¡Yo estoy con vosotros!»"[3]. El camino cristiano en dirección de la Verdad es un camino teologal; fe, esperanza y caridad. Un camino de encuentro con el Señor que nos invita a seguirlo.

 

Estructura de nuestro texto

Nuestro texto lo presentaremos en tres actos o momentos. Esta presentación quiere  abordar la experiencia de Pablo, y al mismo tiempo, tender puentes que permitan reconocer que muchos de sus elementos, aunque con diversa intensidad, reflejan nuestras propias experiencias.

Saulo en dirección de Damasco (vv 1-2).

Encuentro con Cristo (vv 3-9)    .

Encuentro con la Iglesia de Cristo (vv 10-23).

 

Saulo en dirección de Damasco (vv 1-2).

 

"1 Entretanto Saulo, respirando todavía amenazas y muertes contra los discípulos del Señor, se presentó al Sumo Sacerdote, 2 y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, para que si encontraba algunos seguidores del Camino, hombres o mujeres, los pudiera llevar atados a Jerusalén"

 

¿Quién es Saulo y que significa Damasco? Saulo nació el Cilicia (Hch 31,29), fuera de la tierra de Israel, su padre era ciudadano romano (Hch 22,26-28),y allí entró en contacto con las dos grandes cosmovisiones culturales que se disputaban el control del mundo. Los helenistas con su cultura griega, ya muy desarrollada, habían penetrado en distintos pueblos del Asia Menor y ejercían gran influencia en los tiempos de Pablo. Los romanos, como amos y señores de turno, controlaban esas  tierras y poseían un imperio en plena expansión. Saulo probablemente nació entre en 5-10 d.C, y aproximadamente a los 15 años fue  discípulo del  rabino Gamaliel (Hch 22,3). En su experiencia de joven fariseo, estudioso y severo observante de la ley, se encuentran los tres grandes universos culturales y religiosos de la antigüedad; griego, romano y judío. Dios está, desde el seno materno, preparando a Saulo,  que va a ser llamado a proclamar la Buena Noticia a  los gentiles, conoce ya sus idiosincrasias y podrá escrutarlas de manera nueva  a la luz del Señor Resucitado que se le aparecerá en el camino. Esta síntesis cultural, que se deposita en la existencia en Saulo, vivida inconscientemente por él en su juventud, recibirá la nueva luz del Señor.

 

Se nos dice que "respiraba todavía amenazas y muertes", la expresión "respirar", muestra claramente que su oposición está asentada en una firme convicción y seguridad. Saulo reconoce que los cristianos, es decir, los discípulos del Señor son un peligro para la sociedad, se encuentra enfrentado con sus enseñanzas y está dispuesto, por el mal que percibe, a no escatimar en esfuerzos para erradicar a los miembros de este grupo peligroso. De forma muy clara, aparecen presentadas en la Sagrada Escritura sus actitudes de confrontación con los cristianos. Recordemos que previamente a este pasaje, aparece mencionado en 7,57-58[4], como un testigo mudo de la lapidación que sufrirá Esteban, y luego es presentado aprobando su muerte (8,1)[5]. Al desatarse la persecución, su participación se volvió más activa, entraba a las casas y se llevaba por la fuerza  hombres y mujeres, y los metía en la cárcel[6](8,3). 

Los proyectos aún no realizados, comienzan siendo proyectos deseados, que exigen ser amados y servidos en el corazón. Los proyectos nacen siendo deseos que nos mueven a obrar para alcanzar su realización. Debemos preguntarnos ¿Quién me mueve a obrar en esta dirección?¿ Estoy movido por el Espíritu de Dios?¿Cuáles son los medios que debo utilizar para alcanzar tales fines?¿Cuáles me proponen?¿Son de la misma naturaleza: medios y fines?

 

El destino de Saulo es Damasco, ella es la ciudad que congrega su mirada, allí saciará el deseo que lleva en su corazón. Damasco simboliza sus sueños, proyectos,  habla de realización, fidelidad y consolidación. Damasco es el polo que le atrae como promesa de realización de sus proyectos. Es su norte. Para alcanzarlo hay que poner a su servicio el corazón, las horas, muchas noches de insomnio y todo su ser en tensión hacia él. Damasco en el inicio, es una realidad futura, pero ya está presente en las opciones actuales de Saulo.

 

Damasco son nuestros proyectos sin Dios, o lo que es peor, en su contra. ¿Cuantos Damascos nos han cautivado prometiéndonos felicidades que nunca nos entregaron?¿Cuánto esmero y esfuerzo hemos puesto en dirigirnos a nuestro Damasco?

 

Encuentro con Cristo


3 Sucedió que, yendo de camino, cuando estaba cerca de Damasco, de repente le rodeó una luz venida del cielo,4 cayó en tierra y oyó una voz que le decía: "Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues?"5 Él respondió: "¿Quién eres, Señor?" Y él: "Yo soy Jesús, a quien tú persigues.6 Pero levántate, entra en la ciudad y se te dirá lo que debes hacer." 7 Los hombres que iban con él se habían detenido mudos de espanto; oían la voz, pero no veían a nadie.8 Saulo se levantó del suelo, y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada. Le llevaron de la mano y le hicieron entrar en Damasco.9 Pasó tres días sin ver, sin comer y sin beber.

 

El versículo 3 es riquísimo en sugerencias, nos dice "yendo de camino". En uno de tantos que tiene la vida, o lo que es lo mismo, en lo cotidiano de su vida. El Señor lo "alcanza", en un momento del trayecto que realiza desde Jerusalén a Damasco. Cuando su corazón estaba totalmente excitado, a punto de ser saciado en su sed, pues "estaba cerca de Damasco". Y sin pedirle autorización. Dios entró en su vida, sin ningún tipo de aviso previo. Dios irrumpió en la vida de Saulo como una saeta disparada del cielo. Él no se había preparado, pero Dios lo había elegido. Nos dirá el texto, "de repente", imprevistamente. Dios es Dios y siempre toma la iniciativa.

 

Dios, también llega hoy imprevistamente a muchas vidas. Nos visita en una enfermedad, en un momento de frustración, en un viaje, en la visita a un Cottolengo o a una casa de salud. En ocasiones, ciertos conflictos en nuestras relaciones familiares o laborales nos acercan a Dios. Y a veces, nuestros proyectos, que lo habían desplazado absolutamente, parecen frustrarse totalmente. Y en estas coordenadas intrincadas, a veces aparece su luz. Cuando menos lo esperamos, y por le lugar más imprevisible. También nos visita en tiempos de paz, de consuelo, a través de una amistad, o en el encuentro con algún familiar. Sus caminos son múltiples, porque expresan un amor ingenioso que no da nunca nada por perdido. 

 

La presencia de Cristo, en el camino de Damasco, se manifiesta en dos elementos; luz y voz. El encuentro con el Señor es revelador, ilumina toda su existencia, incluso las zonas privadas de su existencia, esas  que son visitadas únicamente por él. La voz se presenta amigable, lo llama por su nombre: "Saúl, Saúl…" No es una voz acusadora que lo quiere desalentar o alejar, quiere atraerlo. Es la voz de la Verdad que se le manifiesta como luz para su existencia.

 

El mal espíritu, es presentado como "padre de la mentira", su acción presenta una diversidad de estrategias, pero hay dos variantes que son muy consecuentes: su voz es acusadora (Jb 1,6-11;2,4-5;Ap 12,10) y desalentadora. No se levanta como el dedo del Bautista para indicar a Cristo: camino, verdad y vida. Nos señala para acusarnos o acusar a otros, mostrándonos que no hay camino posible. Como es "homicida desde el principio" inunda nuestras vidas de desaliento para que bajemos los brazos. Cuando sientas en tu interior una voz que te invita a bajar los brazos, ella viene del mal espíritu. San Agustín, estaba totalmente perdido para muchos de su tiempo, y muchos habrán bajado los brazos, pero no estaba perdido para Dios. Y la promesa de que para Dios no hay nada imposible, encontró albergue en el corazón de su madre Santa Mónica. Y ella, la hizo su bandera, y por ella derramó lágrimas y permanentes plegarias. Y el Señor le respondió fielmente a su promesa, con el sí de Agustín.

 

¡Qué consolador resulta saber que Jesús nos hace uno con Él!. Ante el desconcierto de Saulo, el Señor se identifica con sus discípulos, se hace uno con ellos. Cuando un discípulo es perseguido, el Señor es perseguido, y es Él, quien tarde o temprano pedirá cuentas a los perseguidores. Saulo se muestra desconcertado, desconoce la voz que lo interpela. Y entonces, pregunta: ¿Quién eres, Señor?

 

Tal vez, somos o fuimos perseguidores de los discípulos del Señor. O lo que es peor, tal vez seamos discípulos y perseguidores a la vez, "falsos discípulos", quiera Dios que inculpablemente, y por lo tanto, hayamos  inconscientemente  albergado en nuestro corazón y en nuestras obras, seguimiento y persecución. Muchos santos han sufrido persecución intraeclesial.

 

El Señor le revela su nombre; Jesús. El nombre Jesús es un anuncio, Yahvéh salva. Un nombre prohibido (Hch 4,18[7];5,28[8])por el Sanedrín que había ordenado a los discípulos no invocarlo. Y, los apóstoles, por ser obedientes a Dios (Hch 4,19; 5,29), habían padecido muchas amenazas y azotes (Hch 5,40[9]). El nombre 'Jesús', considerado en su significado etimológico, quiere decir 'Yahvéh libera', salva, ayuda[10]. Esta es la invitación que recibe Saulo de parte de Dios, Jesús viene a liberarlo, salvarlo y ayudarlo. Dios le revela a Saulo al Mesías esperado en su Gloria. Saulo, el viejo fariseo, está ciego, como el legalismo que no ha reconocido  al Mesías, y ahora es invitado a  dar un paso en dirección del hombre nuevo que es Pablo. Debe, según el designio de Dios, entrar en Damasco como Pablo.

 

Tres son las indicaciones que recibe: levántate, entre en la ciudad y obedece. De ellas, me detendré en la segunda. El que ha salido de Jerusalén decidido a entrar a Damasco, como dice el dicho popular "pisando fuerte", ahora entrará allí no como lo había imaginado o deseado, sino de la forma que Dios se lo ordene. En realidad, "le hicieron entrar", el que se bastaba a sí mismo, entra necesitado y vulnerable. Nos dice el texto que: "lo llevaron de la mano". El que con mano firme, iba a traer a los discípulos del Señor "hombre y mujeres a Jerusalén", ahora necesita ser conducido. Así entra Pablo en Damasco!!! No como lo había soñado, ni como lo había previsto. Dios lo había llamado cambiándole el curso a su historia.

 

"Aunque tiene los ojos abiertos está ciego…"cuanto podríamos reflexionar a partir de esta expresión, diría Jesús "viendo no ven y oyendo no oyen", Pablo estaba convencido de que veía, pero el Señor le muestra su ceguera. La ceguera engendra prepotencia, esa de la que hacía gala, por el contrario, el amor es servicial, sin envidia, no quiere aparentar, ni se hace el importante, no actúa con bajeza, ni busca su propio interés (cfr. I Cor 13). Pasó tres días sin ver, sin comer y sin beber(v.9). Finalmente  éste versículo nos muestra a Pablo atravesando el umbral del pórtico cristiano. Creía conocer a Dios, estaba seguro de  reconocer su voluntad, quería ansiosamente enfrentar a ese grupo de hombres y mujeres peligrosos. Pero, ha recibido un golpe durísimo, ha sido impactado en los fundamentos mismos donde edificaba su existencia. Los pilares que sostenían su existencia han sido duramente conmovidos. Nada ha quedado en pie, todo ha sido demolido. Ha sido alcanzado por un Tsunami de Dios. Se sentía tan seguro en posesión de la verdad, y ahora espera una luz nueva que le permita encontrarla realmente. Está sumido una y otra vez, en ese acontecimiento que sobrevuela permanentemente en su mente, del que no podrá salir por sus propios medios, experimentará la salvación  como rescate. Si la interpretación de la Ley y los profetas, lo conducían a perseguir a los discípulos del Señor, luego del encuentro con Él,  no puede quedar nada más que "piedra sobre piedra". Ha experimentado en su propia vida la destrucción del Templo de Jerusalén. En lugar del Templo antiguo y la interpretación farisaica de la ley, ha comenzado a levantarse  el Cuerpo de Cristo. Pablo, fue conquistado por la gracia divina en el camino de Damasco y de perseguidor de los cristianos se convirtió en Apóstol de los gentiles. Después de encontrarse con Jesús en su camino, se entregó sin reservas a la causa del Evangelio.

 

Encuentro con la Iglesia de Cristo

 

10 Había en Damasco un discípulo llamado Ananías. El Señor le dijo en una visión: "Ananías." El respondió: "Aquí estoy, Señor."11 Y el Señor: "Levántate y vete a la calle Recta y pregunta en casa de Judas por uno de Tarso llamado Saulo; mira, está en oración 12 y ha visto que un hombre llamado Ananías entraba y le imponía las manos para devolverle la vista."13 Respondió Ananías: "Señor, he oído a muchos hablar de ese hombre y de los muchos males que ha causado a tus santos en Jerusalén 14 y que está aquí con poderes de los sumos sacerdotes para apresar a todos los que invocan tu nombre." 15 El Señor le contestó: "Vete, pues éste me es un instrumento de elección que lleve mi nombre ante los gentiles, los reyes y los hijos de Israel. 16 Yo le mostraré todo lo que tendrá que padecer por mi nombre."17 Fue Ananías, entró en la casa, le impuso las manos y le dijo: "Saúl, hermano, me ha enviado a ti el Señor Jesús, el que se te apareció en el camino por donde venías, para que recobres la vista y seas lleno del Espíritu Santo." 18 Al instante cayeron de sus ojos unas como escamas, y recobró la vista; se levantó y fue bautizado. 19 Tomó alimento y recobró las fuerzas. Estuvo algunos días con los discípulos de Damasco, 20 y en seguida se puso a predicar a Jesús en las sinagogas: que él era el Hijo de Dios. 21 Todos los que le oían quedaban atónitos y decían: "¿No es éste el que en Jerusalén perseguía encarnizadamente a los que invocaban ese nombre, y no ha venido aquí con el objeto de llevárselos atados a los sumos sacerdotes?" 22 Pero Saulo se crecía y confundía a los judíos que vivían en Damasco demostrándoles que aquél era el Cristo. 23 Al cabo de bastante tiempo los judíos tomaron la decisión de matarle.

 

El Señor incorpora en su obra de salvación a su esposa la Iglesia  ¿Quién es Ananías? Es un discípulo del Señor, uno de tantos, por el lugar discreto  y sin mucha referencia que ocupa en la Escritura, fácilmente puede ser identificado como un simple creyente que luego de participar en este acontecimiento, vuelve al anonimato. Según la reflexión posterior del apóstol de los Gentiles, poco importa quien es el sembrador o el segador, lo primordial es Dios que da crecimiento. Ananías a la llamada del Señor, ha respondido con una  fórmula bíblica que denota su gran disponibilidad: "Aquí estoy Señor" (v.10). Jesús hace partícipe a su Iglesia de su decisión y de la obra que ha iniciado en el camino de Damasco. Revelándole  a su discípulo Ananías la misión que le encomendará a Pablo (v.15).

 

Ananías encarna también un cierto "temor eclesial" (v.14). El Señor ha encomendado a los apóstoles; el santificar, gobernar y enseñar[11](LG n°51) a su Iglesia. A lo largo de la historia, Él ha suscitado en su seno, respuestas a  llamadas singulares que a modo de Tsunamis se gestan silenciosamente y que al  manifestarse adquieren proporciones inimaginables. El espectador ateo  se sorprende por el desconocimiento del origen que tiene esta "acción". Podríamos, entre algunos ejemplos actuales,  reconocer esta acción: en Madre Teresa de Calcuta; también ha estado presente  en el Papa Juan Pablo II; a medida que compartíamos los 26 años del pontificado, intuíamos su grandeza, pero ella permanecía presentada veladamente, y luego de su muerte, en las múltiples recopilaciones realizadas por los medios de comunicación, asistimos al reconocimiento de todas las confesiones religiosas y de hombres de ciencia de las más diversas ideologías. Se sintió en el mundo una ovación universal.

 

A veces las acciones del Señor, realizadas por caminos nuevos, desconciertan  a los discípulos. Las dudas atemorizan y siembran confusión. ¿Quién lo llamó y en que circunstancia? Cuando el Señor de los caminos, toma por uno desconocido que el mismo inaugura, a veces su Iglesia padece este "temor eclesial"[12](cfr. Hch 9,26). Los fundadores han padecido incomprensiones y sufrimientos. Pablo es el arquetipo más claro de esta situación, deberá reclamar para sí, una y otra vez, en sus epístolas, su condición de apóstol, aunque no pertenece al grupo de los Doce. Esto para nada supone un aval, a una pretendida iglesia carismática, que se comprende en oposición a la jerárquica y que desconoce lo jerárquico como un don dado a la Iglesia. "Los dones carismáticos y los dones jerárquicos son distintos, pero también recíprocamente complementarios"[13].  

 

El Dios que se revela a Pablo, es el Dios Viviente, agente primero y principal de la obra de la salvación. Su misión es eclesial. Pablo, ha sido alcanzado  por el amor del Señor, y elegido como instrumento, para configurarse con Cristo progresivamente y vivir de "la fe en el Hijo de Dios" que se entregó por él. Será un instrumento perfectamente afinado para la misión que se le encomendará, que supera humanamente sus fuerzas, pero recibirá una gracia superabundante que lo confortará para combatir el buen combate de la fe. Será un instrumento dócil a las mociones del Espíritu Santo. La elección y el llamado del Señor, necesitan del compromiso total de Pablo. Ha sido elegido y destinado a dar fruto, y que éste permanezca, pero deberá entregarse totalmente a la tarea encomendada, que le deparará sufrimientos (Hch 9,16)[14]. 

 

Obedeciendo a la Palabra recibida, y venciendo las vacilaciones iniciales, Ananías se dirige en dirección de Pablo. Dios siempre toma la iniciativa. Él le salió al paso en el camino de Damasco y ahora envía a Ananías. Éste, dirige a Pablo una primera palabra, capaz de sacarlo de su situación actual: "hermano". Que habrá sentido, aquel corazón que por tres días estuvo en el vientre de su existencia, "sin ver, sin comer y sin beber", al escuchar esta palabra, propia de un amor que desborda en gestos exquisitos. Esta palabra manifiesta la cercanía de Dios, pronunciada por un perseguido frente a su perseguidor, abate con ella definitivamente todas las dudas que se quieran levantar. La palabra que crece en el corazón de Ananías y será plantada en el de Pablo, tiene como remitente al Señor. Ananías ha sido enviado como mensajero del Señor.

 

Aquel que se le apareció en el camino, no le ha abandonado. Ha estado velando  silenciosamente a su lado y ha participado a sus discípulos de su decisión, para que le acompañen e incorporen en la única Iglesia que él fundó. Las misiones eclesiales se viven desde el misterio de la comunión. Dios cuando nos llama, nunca nos entrega un acertijo o una especie de ejercicio matemático imposible de resolver. La fe tiene una pedagogía propia y muchas veces, somos niños que gatean en las cosas de la fe, de allí que Dios nos conduce con paciencia por esta vía como a infantes que necesitan crecer. Y la gradualidad de nuestro aprendizaje no es parte de una pista falsa, sino del lenguaje de la fe que debemos aprender a desentrañar.

 

Dios se ha servido de Ananías para encender una reacción en cadena. Este acontecimiento, nos hace comprender que las circunstancias adversas no suponen una imposibilidad para el encuentro con el Señor. Pablo estaba en la orilla contraria, no como un espectador pasivo, neutro, sino como enemigo encarnizado. Esta vivencia lo marcará en su apostolado manifestando la necesidad de evangelizar a tiempo y a destiempo, oportuna e inoportunamente.

 

Cuantas veces han venido a nuestra mente pensamientos o palabras para comunicar a otros sobre Dios, para consolarlos y confortarlos con una enseñanza de Jesús o de un santo. Y probablemente, hemos pensado que no era el momento oportuno. Y si repasamos la cantidad de veces que esto ha ocurrido, a veces descubrimos, que ha sido bastante habitual. Este texto pone ante nuestra consideración, que tal vez, nos equivocamos cuando tan habitualmente  consideramos inoportunos tantos momentos.

 

Pablo es armado para su nueva misión, y estas "como escamas" (v.18) que caen de sus ojos, manifiestan no solamente que ha recobrado la visión, sino que ve de manera totalmente nueva. Y ello se debe, a que por el gesto de la imposición de manos, Dios lo ha colmado con el Espíritu Santo (v.17). Este "ver" en el Espíritu Santo, renueva toda su existencia y ahora "cae" (v.18) el velo que le  impedía ver la realidad.

 

Pablo, como buen discípulo del Señor, actúa con prontitud predicando a Jesucristo(v.20) en las sinagogas de Damasco. Esta actitud de Pablo desconcierta a judíos y cristianos; unos, conociendo la misión que lo llevó a Damasco, ven una realidad que se presenta en las antípodas. El que venía persiguiendo a los cristianos  "encarnizadamente" (v.21), ahora predicaba que Jesús "era el Hijo de Dios" (v.20). Los discípulos desconfiaban y temían que fuera una estrategia para acercarse a ellos(v.26). Pablo en el inicio, debe anclar su misión en Aquel que lo llamó en el camino de Damasco. La profecía que Jesús reveló a su discípulo Ananías, sobre el sufrimiento que padecería el apóstol, se manifiesta desde el inicio de la misión de Pablo y lo acompañará permanentemente. Exclama Pablo: "¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de los misericordias y Dios de toda consolación, que nos consuela en toda tribulación nuestra para poder nosotros consolar a los que están en toda tribulación, mediante el consuelo con que nosotros somos consolados por Dios! Pues, así como abundan en nosotros los sufrimientos de Cristo, igualmente abunda también por Cristo nuestra consolación"(II Cor 1,3-5).

 

Hay una enseñanza, que en el corazón de los cristianos de la primera hora, se vuelve fuente inagotable. Dios puede volver a cualquier Saulo en Pablo. Ni aún los más encarnizados perseguidores, pueden impedir la realización del plan de Dios. No debemos temer a los Saulos de turno, que puedan aparecer como perseguidores sanguinarios, debemos  temer no amar la santidad.

 

Que mejor, que cerrar esta meditación sobre el apóstol de los Gentiles, escuchando su propio testimonio."Es cierta y digna de ser aceptada por todos esta afirmación: Cristo Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores; y el primero de ellos soy yo. Y si encontré misericordia fue para que en mí primeramente manifestase Jesucristo toda su paciencia y sirviera de ejemplo a los que habían de creer en él para obtener vida eterna. Al Rey de los siglos, al Dios inmortal, invisible y único, honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén" (I Tim 1,15-17).  



[1] San Agustín, Comentario al Evangelio según San Juan 13,4.

[2] Joseph Ratzinger 1/4/05; "Una confusa ideología de la libertad". Esta palabras la dirigió la tarde del 1 de abril en que le fue entregado al entonces cardenal Joseph Ratzinger, en el monasterio de Subiaco, cuna de los benedictinos y de Europa, el Premio San Benito «por su labor excepcional a favor de la promoción de la vida y de la familia en Europa».

[3] Carta de Luigi Giussani al Papa  Juan Pablo II, En ocasión de los 50 años del Movimiento Católico  Comunión y Liberación,  Milán 26 de enero de 2004.

[4] " Entonces, gritando fuertemente, se taparon sus oídos y se precipitaron todos a una sobre él; 58 le echaron fuera de la ciudad y empezaron a apedrearle. Los testigos pusieron sus vestidos a los pies de un joven llamado Saulo" (Hch 7,57-58).

[5] Saulo aprobaba su muerte (Hch 8,1)

[6] Entretanto Saulo hacía estragos en la Iglesia; entraba por las casas, se llevaba por la fuerza hombres y mujeres, y los metía en la cárcel (Hch 8,3).

 

 

[7] Les llamaron y les mandaron que de ninguna manera hablasen o enseñasen en el nombre de Jesús.

[8]"Os prohibimos severamente enseñar en ese nombre, y sin embargo vosotros habéis llenado Jerusalén con vuestra doctrina y queréis hacer recaer sobre nosotros la sangre de ese hombre."

[9]Entonces llamaron a los apóstoles; y, después de haberles azotado, les intimaron que no hablasen en nombre de Jesús. Y les dejaron libres.

[10] Juan Pablo II, Catequesis Jesús Hijo de Dios y salvador, 14.1.1987.

Antes de la esclavitud de Babilonia se expresaba en la forma 'Jehosua': nombre teofórico que contiene la raíz del santísimo nombre de Yahvéh. Después de la esclavitud babilónica tomó la forma abreviada 'Jeshua' que en la traducción de los Setenta se transcribió como 'Jesous', de aquí 'Jesús'. El nombre estaba bastante difundido, tanto en la antigua como en la Nueva Alianza. Es, pues, el nombre que tenía Josué, que después de la muerte de Moisés introdujo a los israelitas en la tierra prometida: 'EI fue, según su nombre, grande en la salud de los elegidos del Señor... para poner a Israel en posesión de su heredad' (Sir 46, 1-2). Jesús, hijo de Sirah, fue el compilador del libro del Sirácida (50, 27). En la genealogía del Salvador, relatada en el Evangelio según Lucas, encontramos citado a 'Er, hijo de Jesús' (Lc. 3, 28-29). Entre los colaboradores de San Pablo está también un tal Jesús, 'llamado Justo' (Cfr. Col 4, 11). El nombre de Jesús, sin embargo, no tuvo nunca esa plenitud del significado que habría tomado en el caso de Jesús de Nazaret y que se le habría revelado por el ángel a María (Cfr. Lc 1, 31 ss.) y a José (Cfr. Mt 1, 21). Al comenzar el ministerio público de Jesús, la gente entendía su nombre en el sentido común de entonces…

En la tradición del pueblo de Israel el nombre 'Jesús' conservó su valor etimológico: 'Dios libera'. Por tradición, eran siempre los padres quienes ponían el nombre a sus hijos. Sin embargo en el caso de Jesús, Hijo de María, el nombre fue escogido y asignado desde lo alto, y antes de su nacimiento, según la indicación del Ángel a María, en la anunciación (Lc 1, 31 ) y a José en sueño (Mt 1, 21). 'Le dieron el nombre de Jesús' (subraya el Evangelista Lucas), porque este nombre se le había 'impuesto por el Ángel antes de ser concebido en el seno de su Madre' (Lc 2, 21).  En el plan dispuesto por la Providencia de Dios, Jesús de Nazaret lleva un nombre que alude a la salvación: 'Dios libera', porque El es en realidad lo que el nombre indica, es decir, el Salvador. Lo atestiguan algunas frases que se encuentran en los llamados Evangelios de la infancia, escritos por Lucas: '...nos ha nacido... un Salvador' (Lc 2, 11), y por Mateo: 'Porque salvaría al pueblo de sus pecados' (Mt 1, 21). Son expresiones que reflejan la verdad revelada y proclamada por todo el Nuevo Testamento. Escribe, por ejemplo, el Apóstol Pablo en la Carta a los Filipenses: 'Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó un nombre, sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble la rodilla y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor (Kyrios, Adonai) para gloria de Dios Padre' (Flp 2, 9-11). La razón de la exaltación de Jesús la encontramos en el testimonio que dieron de El los Apóstoles, que proclamaron con coraje 'En ningún otro hay salvación, pues ningún otro nombre nos ha sido dado bajo el cielo, entre los hombres, por el cual podamos ser salvos' (Hech 4, 12).

 

 

 

[11] Concilio Vaticano II, Lumen Gentium N° 51, "Ahora bien: la consagración episcopal, junto con el oficio de santificar, confiere también los de enseñar y regir, los cuales, sin embargo, por su naturaleza, no pueden ejercitarse sino en comunión jerárquica con la Cabeza y miembros del Colegio".

[12] Llegó a Jerusalén e intentaba juntarse con los discípulos; pero todos le tenían miedo, no creyendo que fuese discípulo.

[13]S.S. Juan Pablo II, Discurso a los participantes en el II Coloquio internacional de los movimientos eclesiales, Rocca di Papa, 2-III-1987, 3. 

[14] 16 Yo le mostraré todo lo que tendrá que padecer por mi nombre."