FE Y RAZÓN

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino)


Décimo aniversario de la visita del Papa Juan Pablo II a Uruguay

(L'Osservatore Romano Nº 24 - 12 de junio de 1998)

(Pbro. Lic. José Luis Ponte)

La visita pastoral de Juan Pablo II al Uruguay se desarrolló en dos etapas: la primera del 31 de marzo al 1 de abril de 1987 en Montevideo y la segunda durante los días 7, 8 y 9 de mayo de 1988 en Montevideo, Florida, Melo y Salto. Sin lugar a dudas, esta visita del sucesor de Pedro constituye un hito en la historia civil y eclesiástica de nuestro país, que marca un antes y un después. Mi intención es situar dicho evento en su contexto para señalar algunos fenómenos y hechos en relación a ello.

Antecedentes históricos e ideológicos

Es oportuno recordar que el Uruguay como Estado independiente data del año 1825 y su primera Constitución, del año 1830. Por otro lado, la creación de la primera diócesis, la de Montevideo, data del año 1878 que, luego, en 1897 sería erigida como arquidiócesis con la creación simultánea de dos provincias sufragáneas: Salto y Melo, constituyéndose así en provincia eclesiástica.

La identidad nacional uruguaya en su ideario fundacional, se inspira en la fe y religión católicas, como muy bien ha hecho memoria el Papa en la homilía de la misa celebrada en su primera visita "Queridos uruguayos: vuestra patria nació católica. Sus próceres se valieron del consejo de preclaros sacerdotes, que alentaron los primeros pasos de la nación uruguaya con la enseñanza de Cristo y de su Iglesia y la encomendaron a la protección de la Virgen que, bajo la advocación de los Treinta y Tres, hoy nos preside junto a la cruz". Estas raíces impregnaron la cultura uruguaya, conformando una matriz nutriente de conceptos y valores cívicos de contenido cristiano.

Sin embargo, el proceso de secularización y privatización del catolicismo desde finales del siglo XIX y principios del XX se fue gestando en una controversia ideológica que polarizó antagónicamente la cultura y la fe. Esto decantó en la sustentación de un laicismo confesional desde filas del poder político, que degeneró en una animadversión, hasta la intolerancia religiosa: la prescindencia de lo espiritual en lo cultural (agnosticismo) y un fuerte anticlericalismo. En el año 1919 se decreta la separación de la Iglesia del Estado. El cauce principal de este laicismo confesional se realizó a través del sistema educativo primario y secundario de sesgo jacobinista francés y, a nivel universitario, por las élites intelectuales mayoritariamente formadas en las ideas filosóficas del positivismo.

Este proceso social iba de la mano con el desarrollo de uno de los más bajos índices de analfabetización mundial y uno de los más altos niveles de cultura de la población. Al mismo tiempo hay que tener en cuenta que en Uruguay, a diferencia de casi todos los países latinoamericanos, no quedaron etnias indígenas autóctonas. Su población, inicialmente constituida por las familias colonizadoras españolas y por los esclavos negros, fue configurándose en una mezcla con las fuertes oleadas de emigrantes europeos a lo largo del siglo XX hasta la década de los sesenta. A ello debe agregarse el dato de su conocida estabilidad geopolítica, su neutralidad militar y su prosperidad económica hasta entrada la década de los setenta, que le merecía el calificativo de " la Suiza de América".

En este contexto, el catolicismo y la Iglesia en el Uruguay fueron identificándose en relación a esa adversidad fundamentalmente ideológica más que política. La Iglesia luchó denodadamente desde las filas de la jerarquía como desde las filas del laicado con figuras de renombre en una postura apologética de defensa de la fe ante las "posturas del racionalismo" y de defensa de las instituciones eclesiásticas y civiles de confesión católica. No obstante, esta lid fue llevando paulatinamente a un repliegue a la Iglesia en su ámbito privado y a una prescindencia por parte del Estado de toda función pública social de la religión. De esta manera la Iglesia perdió su peso en la opinión pública.

Algunos sucesos que rodearon la visita papal

Esta panorámica histórica tiene un vuelco significativo con los sucesos que rodearon el acontecimiento de la visita del Papa. El hecho mismo de su visita fue una verdadera ruptura, que marcó un punto de referencia ineludible para la historia de la evangelización en el Uruguay. El primer precedente importante lo significó el hecho de que Uruguay fuera escenario de la mediación papal para la prevención de un conflicto armado entre Argentina y Chile en torno al diferendo por la zona austral limítrofe del canal de Beagle. Esta mediación papal fue iniciada por el cardenal Samoré en 1978 y culminó en 1984 con un "tratado de paz y amistad" entre ambas naciones. Al año siguiente (1985), el presidente de Uruguay, el Dr. Julio María Sanguinetti, visitó al Papa en el Vaticano. A nivel eclesial, hay que mencionar la preparación inmediata de la primera visita, en la cual, con gran sorpresa, casi todo el pueblo uruguayo adquiría pósters con la figura de Juan Pablo II y lo ponía en en las ventanas de sus casas y en los cristales de sus coches. Luego, entre una y otra visita, se llevó a cabo una "misión popular" que el mismo Juan Pablo II impulsó en el encuentro con el clero, religiosos y religiosas en la catedral de Montevideo.

Contenido fundamental del mensaje papal

El contenido del mensaje papal en Uruguay, de tan amplio espectro, puede resumirse en los siguientes puntos fundamentales: la exhortación a redescubrir la matriz católica de la patria como auténtico desarrollo humano integral; el reconocimiento de la vocación a la paz y concordia del Uruguay expresada en su apoyo a la mediación papal para evitar la guerra; el afianzamiento de los lazos entre la nación uruguaya y la sede apostólica; la invitación a una nueva evangelización; el encargo efectuado a los sacerdotes y consagrados para la evangelización de la cultura; el fortalecimiento del matrimonio y la familia en la fe y los valores cristianos, como célula básica de la sociedad; la centralidad de la Eucaristía dominical en la vivencia cristiana.

Impresiones en torno al evento social de la visita

Las masivas concurrencias a las convocatorias del Papa Juan Pablo II durante el intenso itinerario de sus dos visitas constituyen de por sí un emergente visible y público del fenómeno religioso que el catolicismo uruguayo había convertido en una cuestión intimista privada. Ello significó el derrumbamiento de muchos prejuicios sociales respecto a la religiosidad de los uruguayos y una confirmación objetiva del "sentir católico" que identifica a este pueblo. La primera visita, que duró menos de 24 horas, fue una auténtica expresión popular de adhesión del pueblo uruguayo volcado a las calles para recibir con afecto y hospitalidad al Sucesor de Pedro. Esta asistencia, numéricamente importante, fue apoyada en todo momento por el Gobierno uruguayo, que decretó festivos esos días, tanto en la primera como en la segunda visita. Como símbolo de ese fenómeno podemos destacar la discusión parlamentaria en torno al proyecto presentado y apoyado por el presidente de la República, el Dr. Julio María Sanguinetti, para dejar emplazada la cruz que había sido erigida para presidir el estrado de la primera misión papal. Esta discusión, que se extendió a toda la opinión pública, tenía como trasfondo la valoración de un acontecimiento para la historia del país en reconocimiento a la figura del Papa y de su representatividad. Esta discusión parlamentaria, que finalmente culminó con la aprobación para dejar la cruz como memoria de dicho evento, fue una auténtica "confesión de la conciencia uruguaya", que trajo la temática religiosa al seno de la discusión política después de muchos años de proscripción del tema. Desde entonces, el tema religioso pasó a ser un tópico común en la conversación de los uruguayos a todos los niveles, superando un "tabú", que reprimía dicha temática en las instancias públicas y oficiales. Paralelamente a ello, comienzan a florecer distintos grupos y sectas religiosas de forma vertiginosa, como nunca antes había sucedido. De la intolerancia religiosa se pasó a una actitud de tolerancia acrítica e indiscriminada, sin criterios éticos de respeto por el sustrato religioso cristiano que identifican los valores culturales más genuinos y autóctonos. También la Iglesia fue paulatinamente acrecentando su presencia en los medios de comunicación social y asomando en la opinión pública.

Instancias eclesiales masivas más significativas

A nivel eclesial, en estos 10 años posteriores a la visita papal se pueden indicar algunos macro-sucesos de conjunto, expresivos de una comunidad con dicho acontecimiento eclesial:

Las celebraciones del aniversario

El parlamento de la República, a petición e iniciativa del diputado Gustavo Borsari, convoca una Asamblea General extraordinaria, el día jueves 7 de mayo, en recuerdo y homenaje al Sumo Pontífice en gratitud por su visita a nuestro país. Los medios de comunicación social se hacen eco de esta instancia con programas donde se trata el tema de la figura y representatividad del Papa y la repercusión de su visita en el ámbito religioso, cultural, social y político.

Asimismo, las diócesis que fueron escenario de su visita organizan distintos eventos; en Montevideo se celebra una eucaristía en acción de gracias y petición por las intenciones del Santo Padre; en Florida el presidente de la Conferencia episcopal y obispo titular de la diócesis, Mons. Raúl Scarrone, convoca a una concelebración eucarística a los sacerdotes ordenados por el Papa en aquella visita y se descubre una placa recordatoria del evento, a la que asisten autoridades civiles y eclesiásticas; en Melo y Salto también se efectúan actos civiles y eclesiásticos en memoria de su visita.

Un desafío evangelizador con esperanza

Hoy en día lo religioso, y específicamente la dimensión social del catolicismo, es un tópico que integra el acervo temático de la opinión pública dentro de un sano pluralismo. Se presenta para la Iglesia un nuevo desafío evangelizador que confirman las proféticas palabras del santo Padre en su primera visita, dirigida a los jóvenes:

"Os ha tocado vivir un tiempo difícil, es verdad, pero también, no es menos cierto que estamos ante uno de los momentos más apasionantes de la historia, en el que vais a ser testigos y protagonistas de profundas transformaciones"

Nos toca emprender una nueva etapa histórica en el Uruguay; la cual ha de tener como referencia el gran acontecimiento de la visita pastoral del sucesor de Pedro. Hemos de mantenernos fieles "bajo la bandera" de Cristo Redentor que Juan Pablo II enarboló en aquel entonces como demostración vivencial del modo de evangelizar a nuestro pueblo. El lema que se había adoptado: "Uruguay, el Papa te anuncia a Cristo" ha de ser en adelante: "Uruguay, la Iglesia sigue anunciándote explícitamente a Cristo".

 

El Pbro. Lic. José Luis Ponte es uruguayo, nació el 7/2/63, fue ordenado el 22/10/93. Se licenció en Teología por la PUG (ITUMS) en Montevideo. Se desempeña como docente de Etica y Religión en la Escuela de Enfermería de la UCUDAL (Universidad Católica del Uruguay Dámaso Antonio Larrañaga).

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